Guardar la ropa parece sencillo hasta que llega el momento de hacer sitio en el armario. Jerséis, abrigos, vestidos, mantas o ropa de otra temporada empiezan a acumularse y surge una duda bastante habitual. ¿Dónde y cómo guardamos cada cosa?
No existe un único sistema válido para todo. Las cajas funcionan muy bien con determinadas prendas, las fundas son prácticamente imprescindibles para otras y las bolsas al vacío pueden ahorrar muchísimo espacio, aunque no siempre son la mejor elección.
Elegir correctamente ayuda a aprovechar mejor el espacio disponible y, sobre todo, a conseguir que la ropa vuelva a estar en buenas condiciones cuando llegue el momento de utilizarla.
En Espacio Trasteros como expertos en soluciones de alquiler de trasteros te damos algunos tips.
Antes de guardar la ropa, piensa cuánto tiempo estará almacenada
No es lo mismo apartar varias prendas durante tres meses que almacenarlas hasta el invierno siguiente.
Cuanto mayor sea el tiempo de almacenamiento, más importante resulta preparar correctamente las prendas y elegir un recipiente adecuado.
Antes de empezar conviene separar la ropa por categorías. Puedes agrupar camisetas, pantalones, jerséis, abrigos, vestidos y textiles del hogar. También es recomendable separar aquello que utilizarás primero cuando cambie la temporada.
Así evitarás tener que abrir cinco cajas para encontrar una sola chaqueta.

Cajas para guardar ropa, la opción más versátil
Las cajas son una de las soluciones más prácticas cuando queremos almacenar prendas dobladas durante varios meses.
Permiten mantener la ropa agrupada, facilitan la organización y se pueden colocar unas sobre otras para aprovechar la altura disponible.
Son especialmente útiles para camisetas, pantalones, ropa deportiva, ropa infantil, sábanas y otros textiles que pueden permanecer doblados sin perder su forma.
Las cajas transparentes tienen además una ventaja importante. Permiten identificar rápidamente el contenido sin necesidad de abrirlas.
Si utilizas cajas opacas, una etiqueta sencilla puede cumplir la misma función.
Fundas para prendas que necesitan conservar su forma
Hay prendas que no deberían pasar varios meses dobladas.
Trajes, vestidos, americanas, abrigos y determinadas prendas delicadas se conservan mejor colgadas y protegidas mediante una funda.
La funda evita que acumulen polvo y reduce el contacto con otros objetos mientras permanecen almacenadas.
Antes de guardarlas conviene comprobar que estén completamente limpias y secas. Después pueden colocarse en perchas resistentes que soporten correctamente su peso.
En el caso de abrigos pesados, utilizar una percha demasiado fina puede terminar deformando los hombros.
Bolsas al vacío cuando el principal problema es el volumen
Hay momentos en los que el problema no es la cantidad de ropa, sino todo lo que ocupa.
Aquí las bolsas al vacío pueden convertirse en grandes aliadas.
Al extraer el aire reducen considerablemente el volumen de determinadas prendas y textiles. Son especialmente prácticas para edredones, mantas, ropa de cama, chaquetas acolchadas y prendas voluminosas de uso estacional.
Una vez comprimidas, pueden almacenarse con mucha más facilidad en cajas, estanterías o espacios destinados al almacenamiento.
Sin embargo, comprimir no significa que debamos utilizar este sistema para absolutamente todo.

Qué prendas es mejor no comprimir durante largos periodos
La posibilidad de reducir una montaña de ropa a una bolsa relativamente pequeña resulta tentadora, pero determinados tejidos y prendas necesitan conservar su estructura.
Los trajes, vestidos estructurados, prendas de piel y algunas piezas delicadas requieren otros sistemas de almacenamiento.
También debemos valorar durante cuánto tiempo permanecerán guardadas.
La regla más sencilla consiste en utilizar las bolsas al vacío principalmente para textiles voluminosos que recuperen fácilmente su forma y recurrir a cajas o fundas cuando queramos proteger la estructura de la prenda.
Combinar varios sistemas suele ser la mejor solución
No tienes que elegir entre cajas, fundas o bolsas al vacío.
De hecho, un buen sistema de almacenamiento suele utilizar las tres opciones.
Puedes guardar la ropa cotidiana de otra temporada en cajas, mantener los abrigos y vestidos dentro de fundas y comprimir edredones y mantas para reducir el espacio que ocupan.
El objetivo no es utilizar un único método, sino conseguir que cada objeto tenga la protección que necesita.
Cómo organizar todo para encontrarlo meses después
Una buena organización debe seguir siendo útil cuando hayan pasado seis meses y ya no recuerdes dónde guardaste cada cosa.
Utiliza etiquetas claras e indica qué contiene cada caja.
En lugar de escribir simplemente «ropa», utiliza referencias como «ropa verano», «jerséis invierno» o «ropa de cama».
Si tienes varias cajas, también puedes numerarlas y crear una pequeña lista con su contenido.
Y coloca siempre aquello que probablemente necesitarás antes en una zona fácilmente accesible.

Cuando el problema ya no es cómo guardar, sino dónde
Puedes tener las mejores cajas, utilizar buenas fundas y comprimir correctamente todos los textiles, pero existe un límite físico.
Cuando armarios, altillos y habitaciones comienzan a funcionar como zonas permanentes de almacenamiento, quizá el problema ya no sea de organización.
Trasladar la ropa de otras temporadas a un espacio independiente permite mantener en casa únicamente aquello que utilizas en ese momento.
Además, un trastero bien organizado facilita crear una auténtica rotación estacional. Cuando llega el frío, recuperas la ropa de invierno y guardas la de verano. Cuando vuelve el calor, haces justo lo contrario.
Conclusión
Cajas, fundas y bolsas al vacío cumplen funciones diferentes y precisamente ahí está la clave.
Las cajas aportan organización. Las fundas ayudan a conservar prendas que necesitan permanecer colgadas. Las bolsas al vacío permiten reducir el volumen de los textiles que más espacio ocupan.
Elegir el sistema adecuado para cada prenda ayuda a conservar mejor la ropa y evita utilizar metros de la vivienda como un almacén permanente.

